Asociación Republicana Irunesa
"Nicolás Guerendiain"
Defensa de los valores republicanos y la recuperación de la memoria histórica

Lo que guardan las fosas

"La memoria es necesaria para recordar e interiorizar como pueblo las mejores gestas alumbradas, los mejores ejemplos para emularlos, para actuar con ellos, para repetirlos"

MIGUEL USABIAGA/ESCRITOR Y ARQUITECTO(Diario Vasco 21/08/2006)

Aprovecho el 70 aniversario de los fusilamientos en Pikoketa, para hacer pública una reflexión, en un tiempo en el que, afortunadamente, se desespereza la memoria y nos atrevemos por fin a reclamar por aquellos que merecen un honor que aún no tuvieron. Una reflexión al calor de un 11 de agosto, un día en el que como cada año, los familiares y algunos amigos rememoramos aquel hecho trágico, con el pequeño gesto de entregar unas flores allá donde reposan los restos de los fusilados, en el cementerio de Irún. Lo que ocurrió tal día de 1936, fue que un grupo de jóvenes, chicos y chicas, una veintena, que había subido desde Irún hasta esa posición en la montaña para defender su pueblo de los ataques de los fascistas, fue capturado. Y a continuación, fueron fusilados y enterrados en una fosa común. Allí mismo. Entre ellos algunos que contaban apenas con 17 años. Fue al alba y parece que la mayoría dormían, seguramente eran jóvenes plenos de entusiasmo pero ingenuos y ajenos al cruel arte de la guerra en el que se veían fatalmente convocados. Aquel hecho fue conocido muy pronto en Irún, pues alguno de los milicianos pudo escapar. Escondiéndose entre matorrales lo vio todo, y posteriormente pudo alcanzar su pueblo y contarlo.

La fosa común, con las chicas y chicos fusilados, permaneció allí, secreta durante 40 años, todos los del franquismo. En el año 1976, con la nueva situación democrática, los familiares se movilizaron y tras diversas gestiones, consiguieron excavar en el lugar, hasta encontrar los restos. Fue una de la primeras fosas de la guerra que se desenterraban. El Ayuntamiento irunés cedió un pequeño mausoleo en el cementerio, adonde se llevaron los restos y donde se realizó un emotivo acto de homenaje, con el que se restauró el honor. Ese es el lugar de las flores cada 11 de agosto. Todavía ocurre, cuando cuento esto ocurrido a algunas personas jóvenes, que en ocasiones me preguntan: ¿Y cómo se esperó tantos años? Tal es el grado aún de desconocimiento del franquismo, de lo que fue su extensa represión, de su naturaleza.

Y ahora, en pleno despliegue de ese mapa de la memoria, cuando se intenta localizar fosas donde se sabe o sospecha que hubo crímenes, escondidos ya durante 70 años, conviene recordar, y ese es el ejemplo de Pikoketa, algo muy valioso que guardan esas fosas.

Junto a la humanidad que reclama un entierro digno para cada hombre, para que no estén por la cunetas como alimañas, sin sepultura; junto a las conmocionadas razones de los que fueron arrebatados de sus seres más queridos, sin obtener jamás una explicación, sin saber nunca nada más de ellos. Junto a todo eso, existe otra memoria guardada en ellas como un tesoro. En Pikoketa, aquellos muchachos defendían la República, defendían el régimen legal y democráticamente constituido. Ante el golpe militar, aquellos chicos y chicas no dudaron en levantarse y exponer su vida para defender la democracia amenazada, el país que era suyo. Ese es el verdadero tesoro que encierran las fosas, el ejemplo de la memoria resistente, el de todos los que entregaron su vida por la libertad. Lo que impide esa simetría respecto a aquel conflicto que algunos hoy pretenden. Ese tesoro constituye un monumento de la memoria, pues si algo hay que recordar para repetirlo, es esa resistencia heroica de un pueblo, una sociedad civil que decidió defenderse. La memoria, se dice con sabiduría, es necesaria para no repetir los errores de la historia. Pero también, y es lo que creo original y pretendo decir, la memoria es necesaria para recordar e interiorizar como pueblo las mejores gestas alumbradas, los mejores ejemplos para emularlos, para actuar con ellos, para repetirlos. Y la guerra, impuesta por los militares golpistas constituyó una derrota, pero la República no fue un error, fue justo defenderla hasta fin. Ese es el ejemplo, lo que hay que retener, guardar, dignificar, homenajear. Eso es lo que también guardan las fosas, con muchos de los mejores allí sepultados. Lo que habría que repetir si ocurriera lo mismo